Estamos con los pueblos indígenas

LA RECONSTRUCCION POR LO DEL  COSTERO

ESPEREMOS QUE SE HAGA CON EFICIENCIA; DECENCIA Y SIN DESCONTROL

Publicado: 2017-06-05

Por: Dennis Falvy 

Luego de la tontería  semántica del  Zar de la Reconstrucción y que PPK dijo que no le gustaba la palabra, se eligió al economista  De la Flor, que por su experiencia pasada, le han reventado cohetes adelantándole la navidad y el año nuevo.Como ya es costumbre en el país.

Me pareció entonces  prudente, hacer una compilación del Plan Marshall, —oficialmente llamado European Recovery Program, ERP— que fue una iniciativa de Estados Unidos para ayudar a Europa Occidental, en la que los estadounidenses dieron ayudas económicas por valor de unos 13.000 millones de dólares de la época para la reconstrucción de aquellos países de Europa devastados .

EN QUÉ CONSISTIÓ EL PLAN MARSHALL

María Fernández Rei nos señala, que tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ante la penuria europea y la imposibilidad financiera de comprar productos norteamericanos este plan de ayuda demandaba una coordinación previa de los países europeos para su aplicación.

Para ello se reunió en junio de 1947 una conferencia en París a la que, tras muchas dudas, acudió la URSS.

Moscú pronto declinó el ofrecimiento y obligó a sus países satélites a hacer lo mismo alegando que el plan era un instrumento del imperialismo y la hegemonía americana.

Pese a la campaña de los partidos comunistas, dieciséis países aceptaron la ayuda y se reunieron en una Conferencia en París en septiembre de 1947. La Conferencia tenía un triple objetivo: impedir la insolvencia europea que hubiera tenido nefastas consecuencias para la economía norteamericana, prevenir la expansión del comunismo en Europa y crear una estructura que favorecieran la implantación y el mantenimiento de regímenes democráticos.

El nombre del plan de rescate económico se debe al Secretario General estadounidense George Marshall, que en 1953 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz gracias al desarrollo del plan de ayuda económica –que lleva su nombre– para dieciséis países europeos devastados por la Segunda Guerra Mundial.

El plan fue ejecutado bajo el control de un organismo especialmente creado para tal fin: la Administración para la Cooperación Económica (ACE). Un representante de este organismo se instaló en cada una de las capitales de los países europeos beneficiados, para asesorar, y controlar las inversiones.

La ayuda exterior dio un empujón a los esfuerzos internos; los países de Europa Occidental movilizaron eficientemente sus recursos humanos, tomaron medidas de estabilización monetaria, aumentaron su cooperación y estimularon su producción industrial y agrícola.

En diciembre de 1951, el balance de planificación de recursos empresariales, es testimonio del rápido éxito de la reconstrucción europea; la producción industrial es superior es un 64% a la de 1947 y en un 41% a la de antes de la guerra; la cantidad de acero colado se ha duplicado; la producción alimenticia ha progresado en un 24% en relación a 1947, y en un 9% en relación a 1939.

El racionamiento desaparece: en Francia, las cartillas de racionamiento fueron retiradas de circulación a principios de 1949. En el ámbito económico, se comienza hablar del "milagro francés", del milagro Británico e Italiano.

Al comienzo de la guerra de Corea, en junio de 1950, la economía europea se encontraba dispuesta a salir de nuevo a la conquista de los mercados exteriores, modernizada, y con una capacidad de producción que le permite continuar con su crecimiento sin la ayuda del gobierno norteamericano.

Se supone que el Plan Marshall mostró que la planificación gubernamental puede alcanzar grandes resultados en la esfera económica

QUIEN FUE GEORGE MARSHALL

Wikipedia nos señala, que (George Catlett Marshall; Uniontown, Pennsylvania, 1880 - Washington, 1959) Militar y político norteamericano. Como oficial de Estado Mayor, había demostrado ya sus cualidades en el curso de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Nada más estallar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la administración demócrata del presidente Franklin D. Roosevelt le nombró jefe del Estado Mayor en Washington; cuando, a partir de 1941, los Estados Unidos tomaron parte en aquella contienda, Marshall fue el responsable de coordinar las fuerzas militares americanas hasta la victoria final.

Su prestigio quedó reforzado por el éxito obtenido y, después de la guerra, fue destinado a importantes misiones diplomáticas.

La primera de ellas fue tratar de mediar, como embajador extraordinario en China (1945-1947), entre los nacionalistas de Chang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong( conocido por nosotros como Ma Tse Tung) , que, después de haber sido aliados en la lucha contra los japoneses, parecían volver a su anterior confrontación; Marshall, bien considerado por los dos bandos, no pudo evitar que estallara entre ellos la guerra civil que terminaría con la victoria comunista en 1949.

Entre 1947 y 1949, George Marshall dirigió la política exterior de Estados Unidos como secretario de Estado del presidente Harry Truman. Sus esfuerzos se encaminaron hacia la reconstrucción de Europa, incluyendo a los países vencidos en la guerra, para no repetir los errores cometidos al final de la Primera Guerra Mundial.

En 1948 puso en marcha el Plan Marshall, consistente en suministrar ayuda económica masiva a los países europeos destruidos por la guerra, incluyendo en la oferta a los regímenes comunistas. El rechazo por parte de la Unión Soviética impidió que dicha ayuda llegara a los países del Este y provocó la ruptura de los partidos comunistas occidentales con sus aliados nacionales, en el contexto de la guerra fría que por entonces comenzaba a enfrentar a las super potencias.

La ayuda americana facilitó el «milagro económico» de una recuperación rápida, al tiempo que estableció en Europa occidental mecanismos de unidad (como la Organización Europea para la Cooperación Económica, OECE) y una estrecha vinculación a Estados Unidos. 

Marshall impulsó también las primeras negociaciones para la formación de una alianza militar antisoviética entre Estados Unidos y sus aliados europeos, que conducirían, ya después de su dimisión, a la creación de la OTAN (1949).

El estallido de la Guerra de Corea (1950-1953) llevó a Truman a llamarle de nuevo, nombrándole ministro de la Guerra; la labor de Marshall consistió en cesar al impulsivo general Douglas MacArthur (que había reclamado plenos poderes para la dirección de la guerra) y apaciguar gradualmente el conflicto coreano para evitar que degenerara en una guerra de grandes dimensiones con el bloque socialista. Logrados sus objetivos, se retiró de la política y del servicio militar activo en 1951. En 1953 recibió el Premio Nobel de la Paz.

GUERRA FRÍA: EL PLAN MARSHALL.

Ana Henríquez Orrego publicó el discurso de George Marshall en la Universidad de Harvard, el 6 de Junio de 1947: El mismo señala que el General señaló que:

No necesito decirles, señores, que la situación mundial es muy seria (…). Al considerar lo que se precisa para la rehabilitación de Europa, la pérdida física de vida, la destrucción visible de ciudades, factorías, minas y ferrocarriles, fueron correctamente estimadas, pero se ha hecho obvio en los últimos meses que esta destrucción visible era probablemente menos seria que la dislocación de toda la fábrica de la economía europea (…).

La verdad de la cuestión es que las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave.

El remedio consiste en romper el círculo vicioso y restaurar la confianza de la gente europea en el futuro económico de sus propios países y de Europa como un todo. El fabricante y el granjero a lo largo y ancho de amplias áreas tiene que tener capacidad y voluntad de cambiar sus productos por monedas cuyo valor continuo no esté constantemente en cuestión.

Dejando a un lado el efecto desmoralizador sobre el ancho mundo y las posibilidades de desórdenes resultantes de la desesperación de la gente afectada, las consecuencias para la economía de los Estados Unidos parecen evidentes a todos.

Es lógico que los Estados Unidos hagan cuanto esté en su poder para ayudar a volver a una salud económica normal en el mundo, sin la cual no cabe estabilidad política ni paz segura. Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos.

Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres. Tal ayuda, a mi modo de ver, no debe llevarse a cabo en pedazos a medida que se desarrollen las crisis. Cualquier ayuda que este Gobierno pueda prestar en el futuro debe procurar una cura antes que un simple paliativo.

Cualquier gobierno que esté dispuesto a ayudar en la tarea de la recuperación, encontrará, estoy seguro de ello, plena cooperación por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Cualquier gobierno que maniobre para bloquear la recuperación de otros países no puede esperar apoyo de nosotros.

Más aún, los gobiernos, partidos políticos o grupos que traten de perpetuar la miseria humana al objeto de aprovecharse de ella políticamente o de otra manera, encontrarán la oposición de los Estados Unidos.

Es ya evidente que, antes de que el Gobierno de los Estados Unidos pueda ir mucho más lejos en sus esfuerzos para aliviar la situación y ayudar a situar al mundo entero en su camino hacia la reconstrucción, tiene que haber algún acuerdo entre los países de Europa en cuanto a lo que requiere la situación y a la parte que estos países mismos tomarán en orden a dar el adecuado efecto a cualquier acción que pueda ser emprendida por este Gobierno.

No resultaría ni conveniente ni eficaz para este Gobierno intentar montar unilateralmente un programa encaminado a poner a Europa de pie económicamente. Este es el asunto de los europeos. La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa. El papel de este país debe consistir en una ayuda amistosa en la elaboración de un programa europeo y un ulterior apoyo a dicho programa en la medida en que pueda ser práctico para nosotros hacerlo. El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas.

Parte esencial de cualquier acción afortunada por parte de los Estados Unidos es que el pueblo de América comprenda, por su parte el carácter del problema y los remedios a aplicar. La pasión política y los prejuicios no deben intervenir. Con previsión, y con la voluntad de nuestro pueblo de enfrentarse con la ingente responsabilidad que la historia ha puesto claramente sobre nuestro país, las dificultades que he subrayado pueden ser superadas, y lo serán.

ANÁLISIS DEL DOCUMENTO

El autor del documento es George Marshall (1880-1959). Entró en la Academia militar de Virginia en 1897. En 1902 recibió su despacho de Segundo Teniente de Infantería. Participó en la Primera Guerra Mundial en Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial se encargó de la instrucción, formación y equipamiento del ejército de Estados Unidos.

En 1944 alcanzó el grado de General. Representó a los jefes de estado mayor del ejército de EE.UU. en todas las Conferencias que tuvieron lugar durante y después de la Segunda guerra Mundial, dimitiendo de su cargo al concluir ésta. A petición del Presidente Harry Truman fue de intermediario a la guerra civil China. En 1947 fue nombrado Secretario de Estado, propulsando el plan de reconstrucción europea que lleva su nombre, así como también la ayuda a Grecia y a Turquía. Por motivos de salud, dimitió de su cargo en 1949. En 1950 fue nombrado Secretario de Defensa y preparó al ejército para la guerra de Corea. En 1953 recibió e premio Nobel de la Paz.

DESTINATARIOS

Tres meses después de que el Presidente Harry Truman anunciara su política de Contención del Comunismo y la ayuda a los pueblos libres, George Marshall dio a conocer en público el Programa de Recuperación Europea, generalmente conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, en mayo de 1947, Dean Acheson había expuesto las ideas principales del Plan de Recuperación Económica, ante un numeroso grupos de granjeros en el Sur de EEUU, la promulgación oficial del Programa se realizó el 6 de junio de 1947 en la Universidad de Harvard, centro al que había sido invitado el General Marshall para ser investido Doctor Honoris Causa.

CONTENIDO DEL DOCUMENTO:

Ante la deplorable situación económica que aquejaba a Europa, Estados Unidos promueve un Plan de Recuperación Económica, conocido como Plan Marshall. Si bien es cierto, el Gobierno norteamericano había concedido a Europa Occidental desde final de la guerra una ayuda de más de 4.500 millones de dólares, más otros 6.800 millones en forma de créditos, éstos no habían sido suficientes para poder mejorar la situación económica de los países asolados por la guerra. 

Según los datos entregados por Rafael Aracil, el panorama europeo en 1947 era el siguiente: los europeos no podían organizar el flujo de mercancías debido a las pérdidas sufridas por su marina mercante, el déficit de oro y divisas alcanzaba 8.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, al nivel interno se planteaban problemas de producción, de transportes de mercancías y de mano de obra. Excepto en Gran Bretaña, la producción agrícola era inferior a la de 1938 a causa de la disminución de superficies y de rendimientos, así como también por la desaparición de una parte del ganado. Mientras tanto, el desabastecimiento alimenticio y la falta de productos de consumo obligaban a mantener un severo racionamiento y favorecían las fuertes subidas de los precios.

Así pues, George Marshall parte su discurso poniendo énfasis en la preocupante crisis económica que afectaba a Europa, afirmando que la devastación de la economía europea hacía imposible que esos países lograran solventar sus gastos sin la ayuda externa: “las necesidades de Europa para los próximos tres o cuatro años en alimentos y otros productos esenciales procedentes del exterior, principalmente de América, son tan superiores a su presente capacidad de pago, que tienen que recibir una ayuda adicional sustancial o enfrentarse con un deterioro económico, social y político de un carácter muy grave”.

 Ante tal situación, la sociedad americana no puede cerrar los ojos, ya que según Marshall, los problemas económicos que están afectando a Europa no son independientes del desenvolvimiento económico mundial, por tanto, Estados Unidos debe estar atento, pues su economía puede verse directamente afectada.

La tarea que propuso George Marshall fue elaborar un plan de ayuda que permitiera devolver la salud económica al mundo, y con ello también construir bases sólidas donde cimentar la paz. En este punto, Marshall subraya el carácter altruista de la política económica que está proponiendo al afirmar que “Nuestra política no va dirigida contra ningún país, ni ninguna doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su objetivo debe ser la vuelta a la vida de una economía operante en el mundo, de forma que permita la aparición de condiciones políticas y sociales en las que puedan existir instituciones libres”.

De esta afirmación se desprende la posibilidad de que el plan también hubiere estado destinado a los países de la Europa oriental. No obstante, como se verá posteriormente, el plan fue rechazado por la Unión Soviética y obligó a la órbita de países ubicados bajo su esfera de influencias a rechazarlo.

En el discurso, George Marshall destaca la necesidad de que la petición de ayuda provenga de los países europeos, es decir, son éstos los que deben evaluar sus necesidades y organizarse para solicitar la ayuda que Estados Unidos está dispuesto a entregar: “La iniciativa, pienso yo, tiene que venir de Europa…

El programa debería ser un programa combinado, aceptado por un buen número de naciones europeas, si no por todas”. De este modo el discurso pronunciado ante el auditorio de la Universidad de Harvard, tiene también como principales destinatarios a los líderes de los países europeos, a quienes hace un llamado para que busquen los mejores mecanismos de organización, a partir de los cuales puedan coordinar las peticiones de ayuda a los Estados Unidos.

La respuesta por parte de los países europeos no se hizo esperar. Tras un primer intercambio de puntos de vista entre franceses, británicos y soviéticos, se decidió responder a la propuesta norteamericana convocando una reunión en París el 27 de junio. 

En esta reunión quedó en evidencia que la URSS rechazaba la ayuda norteamericana por las condiciones que el gobierno norteamericano exigía. Stalin consideró que si aceptaba la ayuda de los Estados Unidos se acrecentaría la influencia de este país en las zonas bajo su dominio. “Vio en este plan de ayuda una verdadera máquina de guerra capaz de distender los lazos entre la Unión Soviética los países de Europa Central y Oriental”.

Por su parte, el conjunto de países occidentales que sí habían aceptado la ayuda propuesta por Estados Unidos, en julio se constituyeron un Comité Europeo de Cooperación Económica (CECE), encargado de elaborar un informe sobre las demandas que desde Europa se podrían hacer a Estados Unidos. En septiembre de 1947 se presentó “el Informe de París”.

En él se establecían cuatro objetivos: 

a) aumento de la productividad agrícola e industrial hasta alcanzar los niveles de antes de la guerra; 

b) estabilidad financiera; 

c) cooperación económica entre países participantes y 

d) solución al problema del déficit en dólares a través de la expansión de las exportaciones.

Ante las peticiones europeas, el Congreso de Estados Unidos, aprobó el 3 de abril de 1948 el Foreign assistance act, más conocido como el Programa de Recuperación Europeo. Entre 1948 y 1952 dieciséis países se beneficiaron de la ayuda económica del Plan Marshall, quedaron excluidos España y Finlandia por razones políticas, mientras que la Unión Soviética no lo aceptó y obligó a los países de su órbita a rechazarlo.

OFICIALMENTE EL PLAN


El cartel anuncia la financiación, a través del Plan Marshall, de parte de las obras de reconstrucción de Alemania Occidental.

Para la reconstrucción de aquellos países de Europa devastados tras la Segunda Guerra Mundial, el plan estuvo en funcionamiento durante cuatro años desde abril de 1948. Los objetivos de Estados Unidos eran reconstruir aquellas zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras al comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero de nuevo al continente; todos estos objetivos estaban destinados a evitar la propagación del comunismo, que tenía una gran y creciente influencia en la Europa de posguerra.

El Plan Marshall requirió de una disminución de las barreras interestatales, una menor regulación de los negocios y alentó un aumento de la productividad, la afiliación sindical y nuevos modelos de negocio «modernos»

Las ayudas del plan se dividieron entre los países receptores sobre una base más o menos per cápita. Se dieron cantidades mayores a las grandes potencias industriales, ya que la opinión dominante era que su reactivación sería esencial para la prosperidad general de Europa.

Aquellas naciones aliadas recibieron algo más de ayuda per cápita que los antiguos miembros del Eje o que se habían mantenido neutrales. El mayor receptor de dinero del Plan Marshall fue el Reino Unido, que recibió un 26 % del total, seguido de Francia con un 18 % y la nueva Alemania Occidental con un 11 %.

En total 18 países europeos se beneficiaron del plan. A pesar de que se le había prometido durante la guerra y se le ofreció, la Unión Soviética se negó a participar en el programa por temor a la pérdida de independencia económica; con su negativa también bloqueó la posible participación de países de Europa del Este, como Alemania Oriental o Polonia. Al plan pronto se le criticó la poca importancia dada a la recuperación de ciertos sectores estratégicos europeos para favorecer la entrada de empresas estadounidenses y el temor a que los países europeos se convirtieran en estados clientelares y dependientes de EE. UU. Estados Unidos desarrolló programas similares en Asia, pero bajo otras denominaciones.

La iniciativa lleva el nombre del entonces secretario de estado George Marshall, que también había sido uno de los más célebres generales estadounidenses durante la guerra. El plan tuvo el apoyo en Estados Unidos de los dos grandes partidos, los republicanos controlaban el Congreso, mientras los demócratas controlaban la Casa Blanca con Harry Truman como presidente.

El plan fue en gran medida creado por funcionarios del Departamento de Estado, especialmente por William L. Clayton y Goerfe F. Kennan, con la ayuda de la Institución Brookings, conforme a lo solicitado por el senador Arthur Vandenberg, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Marshall habló de la necesidad urgente de ayudar a la recuperación europea en su discurso en la Universidad de Harvard de junio de 1947.

Desde entonces, se han utilizado términos como «nuevo o equivalente Plan Marshall» para describir programas o propuestas de rescate económico a gran escala.

SE PLANTEO EN UNA CUMBRE

El plan de reconstrucción se planteó en una cumbre entre los estados europeos participantes, que se celebró el 12 de julio de 1947. La Unión Soviética y los estados de la Europa del Este también fueron teóricamente invitados, aunque las condiciones que se les exigió (someter su situación económica interna a controles externos e integrarse en un mercado europeo) eran obviamente incompatibles con el sistema económico y con los principios ideológicos y de propaganda del denominado socialismo realmente existente. 

Aun así, Moscú tuvo que ejercer su control sobre algunos países que sí habían mostrado interés (Polonia y Checoslovaquia), obteniendo su rectificación.

 El plan tuvo una vigencia de cuatro años fiscales a partir de julio del año 1947 y, durante este periodo, los Estados europeos que ingresaron en la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE) (precursora de la OCDE) recibieron un total de 13 mil millones de dólares de la época, así como servicios de asistencia técnica.

Una vez completado el Plan, la economía de todos los países participantes, excepto la República Federal Alemana, había superado los niveles previos a la guerra y en las dos décadas siguientes, Europa Occidental alcanzó un crecimiento y una prosperidad sin precedentes. En cualquier caso, el impacto que pudo llegar a tener el Plan Marshall sobre dicho crecimiento es una cuestión muy discutida. Por otro lado, el Plan Marshall también es visto como uno de los elementos que impulsó la unificación europea, ya que creó instituciones para coordinar la economía a nivel europeo. Además de las consecuencias relacionadas directamente con la economía de los países receptores de ayudas, una consecuencia directa fue la introducción sistemática de técnicas de gestión de inspiración estadounidense.

En los últimos años, muchos historiadores han cuestionado tanto las motivaciones subyacentes como la eficacia del Plan. 

Algunos historiadores mantienen que los beneficios del Plan Marshall realmente procedieron de las nuevas políticas librecambistas o de laissez-faire, que permitieron estabilizar los mercados gracias al crecimiento económico.10Así por ejemplo, la OECE, además de repartir las ayudas del Plan Marshall, promovió el libre comercio y la eliminación de barreras arancelarias.

También hay que considerar la importancia del Plan de Ayuda y Rehabilitación de las Naciones Unidas, que ayudó a millones de refugiados entre 1944 y 1947, constituyendo otro factor determinante en la fundación de las bases de la recuperación europea en la posguerra. Las valoraciones sobre el resultado del Plan Marshall suelen ser positivas, aunque también existen críticas negativas, especialmente desde el sector económico liberal, y en especial la Escuela Austríaca de Economía.

EDIFICIOS DESTRUIDOS TRAS EL BOMBARDEO DE HAMBURGO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

Tras seis años de guerra, buena parte de Europa estaba devastada y millones de personas habían muerto o quedado lisiadas. Los combates se habían producido prácticamente por todas partes, abarcando un área mucho más grande que la que había sido afectada durante la Primera Guerra Mundial. 

A causa de los bombardeos aéreos, la mayor parte de las ciudades estaban muy dañadas, en especial las áreas industriales que habían sido los objetivos principales de dichos bombardeos. Berlín y Varsovia eran montañas de escombros, y Londres y Rotterdam habían quedado muy perjudicadas. La estructura económica del continente había quedado en nada y millones de personas se encontraban en la indigencia.

Aún cuando el episodio de hambre holandesa de 1944 se pudo resolver, la devastación general de la agricultura provocó una oleada de hambre en toda Europa, agravada por el duro invierno de 1946-1947 en el noreste del continente. 

También estaban destruidas las infraestructuras como, por ejemplo, las vías férreas, los puentes y las carreteras, que habían sido objetivo principal de los bombardeos aéreos, y muchos barcos de carga habían sido hundidos. Los municipios más pequeños no habían sufrido tanto los destrozos de la guerra, pero la carencia de redes de transporte los había dejado prácticamente aislados tanto física como económicamente.

Tras la Primera Guerra Mundial, la economía europea también había quedado muy dañada, y la profunda recesión económica duró hasta bien entrados los años 1920, con la inestabilidad y la bajada generalizada de precios que esto conllevó a la economía global.

 Los Estados Unidos, pese a un resurgimiento del aislacionismo, habían procurado ayudar al crecimiento europeo, sobre todo mediante la colaboración de los grandes bancos estadounidenses. Cuando Alemania no pudo pagar las reparaciones de guerra, los estadounidenses también contribuyeron ampliando los préstamos que Alemania había solicitado, una deuda que a los estadounidenses todavía no les había sido resarcida cuando entraron en la Segunda Guerra Mundial en 1941.

El Departamento de Estado, bajo la dirección Harry Truman, estaba decidido a aplicar una política exterior activa, pero el Congreso parecía no estar tan interesado. En un principio, se pensaba que haría falta poco para reconstruir Europa y que el Reino Unido y Francia, con la ayuda de sus colonias, conseguirían salir rápidamente de la crisis. A pesar de todo, en 1947 todavía no había progresos evidentes, y una serie de inviernos crudos habían agravado una situación ya desesperante por sí misma. Las economías europeas no crecían, y las altas tasas de desempleo y la escasez de alimentos provocaron huelgas y revueltas en muchas poblaciones. Dos años después del fin de la guerra, las economías todavía no habían logrado los niveles de preguerra ni parecía que fuera posible. La producción agrícola era un 83 % de lo que había sido en 1938, la producción industrial llegaba al 88 % y las exportaciones sólo al 59 %.

La escasez de comida era uno de los problemas más graves. Antes de la guerra, Europa Occidental dependía de las importaciones de Europa del Este, pero estas rutas comerciales ahora estaban interrumpidas por el Telón de Acero. La situación llegó a ser especialmente preocupante en Alemania, puesto que en los años 1946 y 1947 el consumo diario medio era sólo de 800 calorías por persona, una cantidad insuficiente para mantener una buena salud a largo plazo.

 William Clayton informó a Washington que "millones de personas se están muriendo de hambre lentamente". Otro elemento importantísimo era la escasez de carbón, las reservas del cual disminuyeron enormemente tras el invierno de 1946-47. En los hogares alemanes, sin calefacción de ningún tipo, murieron de frío centenares de personas. La situación en el Reino Unido no era tan grave, pero la demanda doméstica obligó a la industria a prescindir del carbón (y, por lo tanto, a dejar de producir).

Alemania recibió muchas ofertas procedentes de las naciones europeas occidentales para comerciar con comida a cambio de carbón y de acero. Ni los italianos ni los holandeses podían ya vender las cosechas que antes destinaban al mercado alemán, lo cual provocaba que los holandeses tuviesen que destruir una proporción considerable de sus cosechas de cereal. Dinamarca ofreció 150 toneladas de manteca al mes, Turquía ofreció avellanas, Noruega pescado y aceite de pescado, y Suiza ofreció cantidades considerables de grasas. Los aliados, sin embargo, no deseaban dejar a Alemania comerciar libremente.

En vista de la creciente preocupación del general Lucius D. Clay y del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos sobre el avance del comunismo en Alemania, así como de la incapacidad del resto de la economía europea para recuperarse sin la base industrial alemana de la que antes había sido dependiente, en el verano de 1947 George Marshall, citando "bases de seguridad nacional" fue capaz al fin de convencer al presidente Harry Truman de rescindir la directiva de ocupación punitiva JCS 1067 y reemplazarla por la JCS 1779.

La norma JCS 1067 ordenaba a las fuerzas estadounidenses de ocupación que «... no llevasen a cabo ninguna medida para la rehabilitación económica de Alemania», y fue reemplazada por la JCS 1779 que, en su lugar, establecía que «Una ordenada y próspera Europa requiere la contribución económica de una estable y productiva Alemania».

La norma JCS 1067 había estado en vigor durante dos años y, tras su derogación, las restricciones impuestas sobre la producción en la industria pesada fueron parcialmente levantadas, permitiendo la producción de acero a niveles por encima del 25 % de la capacidad anterior a la guerra hasta un nuevo límite situado en el 50 % de la capacidad anterior a la guerra.

Continuó, por otro lado, el desmantelamiento de la industria alemana, lo cual hizo que en 1949 Konrad Adenauer escribiese a los aliados solicitando el fin de este proceso. Para ello argumentaba la contradicción inherente entre impulsar el crecimiento económico y la eliminación de fábricas, así como la impopularidad de la política. El desmantelamiento era apoyado principalmente por Francia, si bien el Acuerdo de Petersberg redujo los niveles exigidos de forma drástica, aunque el desmantelamiento de pequeñas factorías continuó hasta 1951.

El primer plan sobre el nivel de industria, firmado por los aliados el 29 de marzo de 1946 establecía que la industria alemana debía ser reducida al 50 % de su nivel de 1938, para lo cual era necesario la destrucción de 1500 fábricas listadas en el propio plan.

En enero de 1946, el Consejo de Control Aliado (el cuerpo de gobierno de la ocupación militar) había establecido un tope máximo en la producción de acero permitida en Alemania, que se estableció alrededor de las 5 800 000 toneladas de acero al año, cifra equivalente al 25 % del nivel de producción anterior a la guerra.

El Reino Unido, que controlaba la zona ocupada con mayor capacidad de producción de acero, había tratado de incrementar la cifra hasta los 12 millones, pero finalmente tuvo que ceder a las presiones de los Estados Unidos, Francia y la Unión Soviética (que pretendía reducirla hasta los 3 millones de toneladas). Las plantas de acero sobrantes debían ser desmanteladas. Además, Alemania debía reducir su nivel de vida hasta los niveles de la Gran Depresión (1932), soportando reducciones en su industria como, por ejemplo, una caída en la producción de automóviles hasta el 10 % de los niveles previos a la guerra.

El primer plan industrial para Alemania fue seguido por varios planes nuevos, el último de ellos de 1949. Para 1950, tras la finalización de dichos planes, se había retirado el equipamiento de 706 fábricas de Alemania occidental, y la capacidad de producción de acero se había reducido hasta las 6 700 000 toneladas anuales. Estas cifras hacen que autores como Vladimir Petrov concluyan que los aliados "retrasaron varios años la reconstrucción económica del continente roto por la guerra, una reconstrucción que costó a los Estados Unidos billones de dólares."

En 1951, Alemania Occidental aceptó unirse a partir del año siguiente a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Esto supuso el levantamiento de algunas de las restricciones impuestas tanto en la capacidad de producción máxima como en la producción en curso, y que pasasen de depender de la Autoridad Internacional impuesta tras la guerra a la autoridad de la CECA como nuevo regulador del sector.

Por otra parte, la única gran potencia que no había visto perjudicadas sus infraestructuras fueron los Estados Unidos. Esto fue debido a que entraron a la guerra mucho más tarde que la mayoría de los europeos y al importante hecho de que no sufrieron los efectos de la guerra en su propio territorio.

 Las reservas de oro estadounidenses seguían intactas, igual que la base agrícola e industrial. Los años de guerra supusieron el período de mayor crecimiento económico de toda la historia de los Estados Unidos, y sus fábricas de material bélico abastecían tanto a la nación como a los aliados. 

Tras la guerra, las industrias se reconvirtieron y empezaron a producir bienes de consumo y la austeridad que caracterizó el periodo de guerra dio paso a un explosivo incremento del gasto consumista. La salud a largo plazo de la economía dependía, no obstante, del comercio internacional porque los excedentes de producción necesitarían mercados a dónde ser exportados. El Plan Marshall se usaría en gran parte, pues, para adquirir materias primas y bienes manufacturados de los Estados Unidos.

Otro de los grandes motivos por los que Estados Unidos estaba interesado en iniciar el Plan, era el inicio de la Guerra Fría. Por aquel entonces, muchos trabajadores del gobierno estadounidense empezaban a sospechar de las actividades soviéticas. George Kennan, por ejemplo, uno de los principales diseñadores del Plan, ya preveía el surgimiento de una división bipolar del mundo. Para él, el Plan Marshall era el núcleo central de una nueva doctrina de contención hacia la Unión Soviética.

 En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que cuando fue introducido el Plan Marshall las alianzas de la guerra todavía se mantenían intactas y que la Guerra fría realmente aún no había empezado.

En cambio lo que sí preocupaba a los estadounidenses, era la influencia de algunos partidos comunistas con arraigo y base social local. Tanto en Francia como en Italia, la pobreza de la posguerra daba alas a estos partidos, que ya habían desempeñado papeles cruciales en la resistencia durante la guerra. 

Dichos partidos tuvieron mucho apoyo popular en las elecciones de la posguerra, especialmente en Francia, donde fueron los más votados y, si bien muchos historiadores actuales piensan que la posibilidad de que Francia o Italia "cayesen" bajo regímenes comunistas era muy remota, las cabezas pensantes de la política estadounidense de la época sí que lo veían como una amenaza real. El surgimiento de la política de contención argumentaba que los Estados Unidos debían dar un fuerte apoyo a los países no comunistas para evitar que cayeran bajo la influencia de Moscú. Además, tenían la esperanza de que algunas naciones de Europa oriental también se sumaran y las pudieran "sacar" del bloque soviético.

Aun así, incluso antes del Plan Marshall los Estados Unidos ya habían empezado a enviar ayuda para la recuperación europea. Durante el periodo 1945-47, se calcula que unos 9 000 millones de dólares llegaron al Viejo Continente de manera indirecta, tanto mediante acuerdos derivados del Programa de Préstamo y Arriendo como por la construcción de infraestructuras por parte de los soldados estadounidenses.

 También se firmaron acuerdos bilaterales, los más importantes de los cuales con Grecia y Turquía, que se produjeron dentro del marco de la Doctrina Truman para que dispusieran de material militar suficiente. La por entonces joven Organización de Naciones Unidas también puso en marcha toda una serie de misiones humanitarias y de ayuda, financiadas casi por completo con dinero estadounidense. Todos estos esfuerzos fueron efectivos, pero les faltaba planificación y coordinación, y no supieron cubrir las necesidades más urgentes de los europeos.

PRIMERAS IDEAS

Mucho antes del discurso de Marshall, ya se habían hecho algunos cálculos estimativos del coste de la reconstrucción de Europa. El secretario de estado James F. Byrnes ya presentó un proyecto del Plan durante un discurso en la Opernhaus (Ópera) de Stuttgart el 6 de septiembre de 1946. Además, el general Lucius D. Clay había pedido al empresario Lewis H. Brown que redactara un informe sobre la Alemania de posguerra, titulado A report on Germany (1947), y que detallaba los problemas básicos del país y hacía algunas recomendaciones sobre la reconstrucción. El vicesecretario de estado Dean Acheson ya había hecho un discurso sobre el tema, que había sido completamente ignorado, y el vicepresidente Alben W. Barkley también había tratado la misma cuestión con anterioridad.

La opción principal para financiar el Plan era obtener los recursos de Alemania. Este concepto pasó a conocerse en 1944 como Plan Morgenthau, denominado así por el Secretario del Tesoro estadounidense Henry Morgenthau. Preveía una extracción masiva de recursos de Alemania para ayudar a la reconstrucción del resto de Europa y evitar, al mismo tiempo, que Alemania recuperara su capacidad económica.

Un plan similar fue obra del burócrata francés Jean Monnet, que proponía poner las regiones mineras del Ruhr y el Sarre bajo control francés y utilizar los recursos para que Francia llegara a un 150 % de los niveles de producción anteriores al conflicto.

En 1946, las potencias vencedoras acordaron poner un límite a la velocidad con que Alemania se podría reindustrializar. Se establecieron límites sobre la cantidad de carbón y acero y se podían producir y, en el primer plan industrial alemán, firmado a comienzos de 1946, se estableció que Alemania debía reducir su industria hasta el 50 % de los niveles alcanzados en 1938 mediante la destrucción de 1500 factorías.

Sin embargo, los problemas inherentes a este plan fueron evidentes en seguida: Alemania había sido, durante mucho tiempo, el gigante industrial de Europa, y su pobreza pararía la recuperación económica de todo el continente. La escasez continuada en Alemania era, además, una fuente de gastos para las fuerzas ocupantes, que se vieron obligadas a hacer frente a las carencias más importantes. Estos factores, combinados con la condena pública después de que los planes se filtraran a la prensa, provocaron un rechazo ostensible a los planes Morgenthau y Monnet. Algunas de sus ideas, sin embargo, permanecieron en la Directiva 1067 del Estado Mayor Conjunto, que fue la base auténtica de la política de las fuerzas de ocupación estadounidense hasta julio de 1947.

Los centros industriales mineros de Sarre y Silesia serían separados de Alemania (la región de Sarre, por ejemplo, sería ocupada por los franceses en 1945 por mandato de las Naciones Unidas y no volvería a control alemán hasta 1957, conforme a los acuerdos de Luxemburgo), muchas industrias civiles fueron destruidas para limitar la producción y en 1947 todavía estaba presente la opción de separar asimismo la región del Ruhr. En todo caso, en abril de 1947, Truman, Marshall y Acheson se convencieron de la necesidad de aportar sustanciales cantidades de dinero para la reconstrucción.

La idea del Plan fue también consecuencia del cambio de mentalidad que tuvo lugar en los Estados Unidos durante la Gran Depresión. Las calamidades económicas de los años treinta convencieron a mucha gente de que el mercado libre no intervenido no podía garantizar el bienestar económico. Muchos de los que habían trabajado diseñando el New Deal para reactivar la economía estadounidense, colaboraban ahora en el nuevo Plan en Europa. Al mismo tiempo, la Gran Depresión había servido para sacar a la luz los peligros de los aranceles y el proteccionismo y había supuesto una fuerte creencia en la necesidad del libre comercio y la integración económica europea.

Por todo ello, descontento con las consecuencias del plan Morgenthau, el anterior presidente de los Estados Unidos, Herbert Hoover, emitió un informe de fecha 18 de marzo de 1947 en el que remarcó: «Existe la ilusión de que la Nueva Alemania que ha quedado tras las anexiones puede ser reducida al 'estado pastoril'. Eso no puede hacerse salvo que se exterminen o trasladen 25 000 000 de personas fuera del país». La política fue cambiando meses después y revirtió el plan Morgenthau.

Primera página del Plan Marshall.

LAS PRIMERAS AYUDAS

Las primeras partidas importantes de la ayuda fueron a parar a Grecia y a Turquía en enero de 1947. Estos dos países estaban considerados la primera línea de la lucha contra la expansión comunista, y ya se encontraban recibiendo ayuda económica en el marco de la Doctrina Truman. Al principio, el Reino Unido también había aportado dinero para apoyar a las facciones anticomunistas, pero debido a su situación económica tuvo que pedir a los Estados Unidos que continuaran solos. La ACE empezó formalmente a ayudar a los dos países en julio de 1948.

La misión oficial de la ACE era colaborar a la mejora de la economía europea en la producción industrial, en el apoyo a las monedas europeas y en facilitar el comercio internacional (especialmente con los Estados Unidos, que tenía un gran interés en la existencia de una Europa lo suficiente recuperada como para que tuviera capacidad para importar productos estadounidenses).

Hay que tener en cuenta que las naciones europeas habían agotado también las reservas de divisas durante la guerra, por lo que no estaban en condiciones de importar nada de otros países. Otro objetivo oficioso de la ACE (al igual que del Plan Marshall) era la contención de la influencia soviética en Europa, especialmente en países con partidos comunistas fuertes como, por ejemplo, Checoslovaquia, Francia e Italia.

El dinero del Plan Marshall fue transferido a los gobiernos europeos, si bien la administración se ejercía de forma conjunta entre el gobierno local y la ACE. Había un comisario de la ACE en cada capital europea, generalmente un prominente empresario estadounidense, que aconsejaría al gobierno en el proceso. Se fomentó el gasto conjunto entre varios países y se crearon diferentes comisiones de funcionarios, empresarios y sindicatos para examinar la economía y determinar dónde hacía más falta la ayuda.

El Plan Marshall sirvió en gran parte para comprar productos procedentes de los Estados Unidos. Al haber prácticamente agotado sus reservas monetarias durante la guerra, la ayuda del Plan Marshall representaba una de sus pocas vías para importar bienes del exterior.

 En un primer momento los europeos adquirieron productos de primera necesidad, como víveres y combustible, pero lentamente empezaron también a importar bienes necesarios para la reconstrucción, que era la finalidad principal del Plan.

Posteriormente, bajo la presión del Congreso y con el inicio de la Guerra de Corea, una parte importante de la ayuda se destinó al reforzamiento de los ejércitos. De los 13 000 millones de dólares aportados por los Estados Unidos a mediados de 1951, 3400 se gastaron en materias primas y productos semimanufacturados, 3.200 en comida, lienzo y fertilizantes, 1900 en maquinaria, vehículos y equipamiento y 1600 en combustible.

También se establecieron unos fondos contravalor que utilizaron el Plan Marshall para establecer fondos en las monedas europeas. Según las normas de la ACE, un 60 % de estos fondos debían ser invertidos en la industria. 

Esto se aplicó especialmente en Alemania, donde los fondos se destinaron principalmente a préstamos para empresas implicadas en la reconstrucción, ayudando enormemente a la reindustrialización del país. 

En los años 1949-50, por ejemplo, un 40 % de las inversiones en la industria del carbón provenían de los fondos contravalor. Las compañías tenían la obligación de devolver los préstamos, y el dinero se podía entonces prestar a otros grupos empresariales. 

El proceso todavía continúa hoy en día. El Fondo Especial, supervisado entonces por el ministro de economía alemán, valía 10 000 millones de marcos alemanes en 1971. En 1997 valía 23 000 millones de marcos. Mediante este sistema de préstamo-devolución-préstamo, en 1995 el Fondo había hecho préstamos blandos a ciudadanos alemanes por un valor de 140 000 millones de marcos.

El 40 % sobrante se utilizó para saldar la deuda, estabilizar la moneda o invertir en proyectos no industriales. Francia fue quien más se benefició de los fondos contravalor, especialmente para reducir el déficit presupuestario. Sin embargo, en Francia y en la mayoría de los otros países, el fondo contravalor fue absorbido dentro de los ingresos generales del gobierno, y no fue reciclado como Alemania.

Otra iniciativa de la ACE bastante más barata, pero no por ello poco efectiva, fue el Programa de Asistencia Técnica. El programa reunía grupos de ingenieros e industriales europeos y los llevaba a los Estados Unidos a visitar minas, fábricas y fundiciones para que pudieran copiar los adelantos tecnológicos en Europa. Al mismo tiempo, unos cuantos centenares de consejeros técnicos estadounidenses fueron enviados a Europa.

El Plan Marshall se repartió entre los países participantes básicamente según la renta per cápita. Gran parte del dinero se destinó a los grandes grupos industriales, puesto que se pensaba que su regeneración era esencial para la reconstrucción europea. 

Además, el reparto según la renta per cápita era una manera indirecta de ayudar a los Aliados, dejando menos para los países del Eje o los neutrales. La tabla siguiente muestra la cantidad de ayuda por país y año, extraída de The Marshall Plan Fifty Years Later. No hay un consenso claro en las cantidades exactas, puesto que muchas veces es difícil establecer qué parte de las ayudas estadounidenses formaban parte del Plan Marshall. 

FINALIZO EN EL AÑO 1951  

El Plan Marshall finalizó, tal y como estaba previsto, en 1951. Todos los esfuerzos de prolongarlo toparon con los gastos crecientes de la Guerra de Corea y el rearme. Además, y si bien el factor fundamental fueron los gastos de Corea, los republicanos, más hostiles al Plan, habían incrementado su representación en las elecciones al Congreso de 1950 y se opusieron duramente. En cualquier caso, siguieron llegando a Europa otras formas de ayuda.

De 1948 a 1952, Europa vivió el periodo de máximo crecimiento económico de su historia. La producción industrial se incrementó un 35 %, y la agrícola sobrepasó fuertemente los niveles de antes de la guerra.

La pobreza y el hambre de los primeros años de posguerra desaparecieron y Europa Occidental tuvo delante de sí dos décadas de crecimiento sin precedentes, que comportaron un aumento espectacular del nivel de vida. Existe un importante debate entre los historiadores sobre hasta qué punto puede atribuirse dicho crecimiento al Plan Marshall. 

La mayoría rechazan la idea de que el Plan, por sí solo, resucitase milagrosamente a Europa, ya que existen evidencias de que la recuperación económica ya había dado algunos pasos antes. Muchos creen que el Plan Marshall sirvió para acelerar esta recuperación, pero que no la inició.

Por otra parte, hay quien piensa que los efectos políticos del Plan Marshall podrían ser casi tan importantes como los económicos. El Plan facilitó que las naciones europeas flexibilizaran las medidas de austeridad y el racionamiento, reduciendo el descontento y aportando estabilidad política. La influencia comunista en Europa Occidental se redujo considerablemente, y a lo largo de la región los partidos comunistas fueron gradualmente perdiendo popularidad en los años siguientes al Plan Marshall.

Las relaciones comerciales entre las dos costas atlánticas favorecieron la creación de la OTAN, que incluso sobreviviría durante la Guerra Fría. Además, la no participación de Europa del Este fue uno de los primeros síntomas claros de que el continente ya estaba dividido en dos áreas de influencia enfrentadas.

El Plan Marshall también contribuyó en cierta medida a la integración europea. Los europeos, al igual que los estadounidenses, creían que una unificación del continente era casi imprescindible para asegurar la paz y la prosperidad de Europa. El Plan fue una herramienta interesante para establecer una primera guía de cómo llevar a término este proceso, pero en cierto modo falló, ya que la organización que impulsó, la OECE, no pasó nunca de ser un simple agente de cooperación económica.

Sin embargo, fue un antecedente de la llamada Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) la que verdaderamente fundó las bases de lo que un día sería la Unión Europea (aunque excluía al Reino Unido,). Con todo, la OECE sirvió de modelo y campo de pruebas para las estructuras y la burocracia que más tarde se utilizaría en la Comunidad Económica Europea. El Plan, en cierto modo ligado a los Acuerdos de Bretton Woods, también instauró el libre comercio entre los países de la región.

Pese a que algunos historiadores modernos sostienen que los elogios al Plan Marshall son exagerados, en general se tiene una visión positiva y se ha considerado que un proyecto similar podría ayudar a otras áreas en el mundo. 

Tras la caída del comunismo hubo varias propuestas para crear un "Plan Marshall para Europa del Este" que ayudase a revitalizar la región. Otros han propuesto un Plan Marshall para África o incluso el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, llegó a sugerir la creación de un "Global Marshall Plan" (Plan Marshall Mundial).

El Plan Marshall se convirtió en una metáfora para hacer referencia a cualquier programa gubernamental a gran escala diseñado para solventar un problema social específico. A menudo se utiliza desde sectores neoliberales para hacer llamamientos a gastos federales en los posibles fallos del sector privado

En cuanto a la recuperación económica alemana, se debió en parte a la ayuda económica que aportó el Plan Marshall, pero también se considera que uno de los factores fundamentales fue ajeno al Plan, y consistió en la reforma monetaria realizada en 1948 y que reemplazó el Reichsmark por el marco alemán como moneda de curso legal, y que sirvió para detener la inflación desorbitada.

Este cambio de moneda, que sirvió para fortalecer la economía alemana, había sido prohibido expresamente durante los dos años en los que estuvo en vigor la directiva de ocupación JCS 1067.

Esa política económica se enmarcó dentro del conjunto de políticas implementadas por el canciller alemán Ludwig Erhard en su programa económico de recuperación. Llevó a cabo una política liberal, basada en la eliminación de la planificación centralizada y en la restauración de la economía de mercado en Europa, huyendo de la planificación extrema que había imperado durante la época nacionalsocialista. El Plan Marshall fue, por tanto, uno más de los distintos factores que impulsaron la recuperación alemana.

En cualquier caso, en Alemania todavía sigue vivo el mito del Plan Marshall. Según la obra de Susan Stern titulada Marshall Plan 1947–1997 A German View, muchos alemanes todavía creen que Alemania fue la exclusiva beneficiaria de las ayudas del plan, y que consistía en un regalo sin contraprestación de grandes sumas de dinero, siendo el único responsable de la recuperación económica alemana en la década de los años 50.

DEVOLUCIÓN

La OECE se había hecho cargo de la distribución de los fondos y la ACE se encargaba de las importaciones europeas. A los productores estadounidenses se les pagaba en dólares provenientes del Plan Marshall y las mercancías importadas, claro está, no eran gratuitas, sino que los europeos debían pagar por ellas, ya fuera al contado o a crédito, con la moneda local. Este dinero iba a parar a un fondo contravalor, y podía ser reutilizado para proyectos de inversión.

La mayoría de los países participantes en el Plan ya sabían desde un principio que nunca tendrían que devolver a los Estados Unidos el dinero depositado en los fondos contravalor, así que fueron absorbidos dentro de los presupuestos nacionales y "desaparecieron".

Por el contrario, todas las ayudas ofrecidas a Alemania debían ser devueltas; aunque tras los acuerdos de Londres sobre las deudas de 1953, la cantidad a devolver se redujo a 1 000 millones de dólares (incluyendo las reparaciones de guerra). Las ayudas dadas a los alemanes hasta el 1 de julio de 1951 sumaban 270 millones de dólares, de los cuales los alemanes devolvieron 16,9 a través del Banco Export-Import de los Estados Unidos.

En realidad, hasta 1953 Alemania no supo la cantidad exacta de dinero que debía devolver a los Estados Unidos, por lo que insistía en que el dinero de los fondos contravalor sólo se daba en forma de préstamos, un sistema mediante el cual, gracias a los intereses, el dinero crecía en lugar de reducirse. 

Los Estados Unidos encargaron a un banco hipotecario que se encargara de controlar el sistema y los préstamos del Programa de Recuperación Europea fueron utilizados en su mayoría para apoyar la actividad de pequeñas y medianas empresas. Al final Alemania pagó la deuda a plazos, pago que finalizó en junio de 1971. Sin embargo, el dinero para el pago de la deuda salió de los presupuestos nacionales, y no de los fondos contravalor, por lo que estos a fecha de hoy siguen existiendo.

ÁREAS SIN PLAN MARSHALL

Muchas partes del mundo que también fueron devastadas por la Segunda Guerra Mundial no se beneficiaron de Plan Marshall. El único gran país de Europa occidental que quedó excluido de las ayudas fue España debido a que tras la Guerra Civil Española, España se cerró en una política de autarquía y proteccionismo bajo el régimen franquista.

Aún con las reticencias en colaborar con un país de cariz fascista, los Estados Unidos decidieron ofrecer a España ayudas económicas, porque el régimen de Francisco Franco era, de todos modos, una garantía de que el país no recibiría influencias soviéticas. Durante la década de los cincuenta, España recibió financiación estadounidense; y aun cuando nunca llegó a las cantidades que sus vecinos habían recibido con el Plan Marshall, fue el punto de partida de una recuperación económica tras más de diez años de durísima posguerra.

Mientras que la parte occidental de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había quedado muy afectada por la guerra, la parte asiática del país estaba prácticamente intacta y se había industrializado rápidamente durante la guerra. El gobierno soviético impuso el pago de cuantiosas sumas de dinero en concepto de reparaciones de guerra a los países del Eje: Finlandia, Hungría, Rumanía y muy especialmente la RDA fueron obligadas a pagar ingentes cantidades de dinero y recursos, y muchas de sus fábricas fueron trasladadas pieza a pieza a territorio ruso. Todas estas reparaciones igualaban, en la práctica, a las sumas procedentes del Plan Marshall que recibió Europa occidental.

Europa del Este no vio ni un dólar del Plan Marshall, dado que sus gobiernos rechazaron unirse al plan, y recibió más bien poca ayuda de los soviéticos. A pesar del establecimiento del COMECON para contrarrestar al Plan Marshall, éste no era tan generoso, y más bien acabó siendo un método para transferir recursos de Europa a la URSS. 

Los miembros del COMECON recurrían a la Unión Soviética por combustible, y a cambio debían entregar tanto maquinaria como bienes agrarios, industriales y de consumo a la Unión Soviética. La recuperación económica oriental fue, por tanto, mucho más lenta, y muchos piensan que las economías de Europa del Este, de hecho, jamás se recuperaron durante el periodo comunista, teniendo como resultado la formación de unas economías de penuria y una brecha entre el este y el oeste del continente.

Los estados policiales del Este podían garantizar, además, la continuidad del racionamiento y de las medidas de racionamiento, pero los fuertes gastos en policía y servicios de espionaje interior suponían grandes cantidades de dinero que podrían haberse destinado a tareas de reconstrucción. Yugoslavia, en cambio, sí recibió ayuda de los Estados Unidos, pero no se considera enmarcada dentro del Plan Marshall.

Japón, por otra parte, también quedó muy devastado tras la guerra. Sin embargo, en este caso ni los estadounidenses y ni el Congreso tenían tantas simpatías hacia los japoneses como hacia los europeos; además, Japón no tenía interés ni estratégico ni económico para los Estados Unidos, por lo que no se creó ningún plan de ayudas y la recuperación económica hasta 1950 fue lenta.

Aun así, aquel año estalló la Guerra de Corea, y Japón se convirtió en el centro de operaciones de las misiones de las Naciones Unidas, además de un proveedor crucial de material. A partir de 1952 el crecimiento japonés tomó un gran ritmo ascendente: entre 1952 y 1971 el crecimiento en el Producto Nacional Bruto real alcanzó una media anual de un 9,6 %. Los Estados Unidos, en contraste, crecieron una media de un 2,9 % anual entre 1952 y 1991..

 La importancia de la Guerra de Corea puede apreciarse en un ejemplo bien conocido, como es el de la compañía Toyota: en junio de 1950 sólo produjo unos 300 camiones y estaba a punto de la bancarrota. Durante los primeros meses de la guerra en el país vecino, recibió un pedido del ejército estadounidense de producir 5.000 vehículos, y la compañía se revitalizó.Durante los cuatro años de la guerra, entró más dinero a la economía japonesa que a cualquier otro país miembro del Plan Marshall.

Canadá, como los Estados Unidos, prácticamente no había sufrido los efectos de la Segunda Guerra Mundial, y en 1945 era una de las economías más grandes del mundo. Sin embargo, dependía mucho más fuertemente que los Estados Unidos del comercio con Europa, y tras la guerra se empezaron a notar las consecuencias.

 En abril de 1948, el Congreso de los Estados Unidos modificó el Plan Marshall, permitiendo que los europeos compraran también bienes y productos de Canadá. Esta modificación fue la clave para la estabilidad económica canadiense, puesto que Canadá ganó 1 000 millones de dólares durante los dos primeros años de la operación.

Esto contrasta con el tratamiento que se le dio a Argentina, otra gran economía dependiente de Europa en lo que respecta a sus exportaciones agrarias. Sus productos fueron excluidos de forma deliberada de los mercados europeos que participaron en el Plan debido a las diferencias políticas entre los Estados Unidos y el entonces presidente de Argentina, Juan Perón. Esto dañaría al sector agrario argentino, y ayudaría a precipitar el deterioro de la economía del país.

CRÍTICAS NEGATIVAS AL PLAN MARSHALL

Las primeras críticas al Plan Marshall llegaron desde diversos economistas de corte liberal. Wilhelm Röpke, que tuvo una gran influencia sobre las decisiones económicas del canciller alemán Ludwig Erhard en su programa económico de recuperación, creía que la recuperación económica debía basarse en la eliminación de la planificación centralizada, y en la restauración de la economía de mercado en Europa, y en especial en aquellos países que habían adoptado políticas económicas de carácter fascista y corporativista. Röpke criticaba el Plan Marshall porque se interponía en la transición al libre mercado mediante el subsidio de los sistemas existentes. 

Erhard puso en práctica la teoría de Röpke, y más tarde le atribuiría el mérito en el éxito económico de Alemania. Henry Hazlitt, por su parte, criticaba el Plan Marshall en su libro Will Dollars Save the World? (en español, ¿salvarán los dólares al mundo?), publicado en 1947, y en el que argumentaba que la recuperación económica procedía a través del ahorro, la acumulación de capital y la empresa privada, y no a través de subsidios monetarios. 

Ludwig von Mises también criticó el Plan Marshall en 1951 y, según sus palabras, creía que "los subsidios americanos posibilitan que los gobiernos oculten parcialmente los efectos desastrosos de varias medidas socialistas que han adoptado." También hacía una crítica general a la ayuda extranjera, considerando que servía para crear enemigos ideológicos en lugar de socios económicos, por interferir con el libre mercado.

Las críticas al Plan Marshall fueron muy habituales entre los historiadores de la escuela revisionista, como Walter LaFeber, durante las décadas de los 60 y de los 70. Argumentaban que el plan era una muestra de imperialismo económico estadounidense, y que no era más que un intento para tomar el control de la Europa occidental de la misma forma que los soviéticos controlaban la Europa oriental.

Esta escuela argumenta que la generosidad no formaba parte del plan, que realmente se movía impulsado por los objetivos geopolíticos norteamericanos. Revisando la economía de Alemania Occidental entre 1945 y 1951, el analista alemán Werner Abelshauser concluyó que «la ayuda externa no fue algo crucial a la hora de iniciar la recuperación o de mantenerla». 

Por su parte, el economista Tyler Cowen concluyó, tras un estudio de las economías de Francia, Italia y Bélgica, que fue Bélgica, el país que utilizó políticas de libre mercado antes y de forma más intensa, tras su liberación en 1944, quien experimentó una recuperación más rápida, y quien evitó los mayores problemas de alojamiento y alimentación de la población que sí que hubo en el resto de Europa continental.

 Sin embargo, las naciones que más ayuda relativa habían recibido del Plan Marshall (Reino Unido, Suecia y Grecia) habían producido los menores retornos y habían sido los que menos habían crecido entre 1947 y 1955. 

Por otra parte, las naciones que menos recibieron (Alemania, Austria e Italia) fueron las de mayor crecimiento. Debería tenerse en cuenta, sin embargo, que estos últimos países eran también los más devastados y, por tanto, los que mayor potencial de recuperación tenían.

Alan Greenspan, antiguo presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, atribuye el mérito de la recuperación económica europea a Ludwig Erhard. Greenspan escribe en su obra The Age of Turbulence que fueron las políticas económicas implementadas por Erhard el factor principal de la recuperación europea, sobrepasando de largo a la contribución del Plan Marshall. 

Establece que fueron sus reducciones en la regulación económica las que permitieron la milagrosa recuperación alemana, y que esas políticas también contribuyeron a la recuperación de muchos otros países europeos. Utiliza también como ejemplo comparativo el caso de Japón, que también experimentó un rápido crecimiento sin ningún tipo de ayuda. 

Atribuye el crecimiento al estímulo económico tradicional, como los incrementos en la inversión, acelerado por un alto nivel de ahorro y un nivel de impuestos bajo. Japón recibió una gran inyección de dinero durante la Guerra de Corea, si bien en la forma de inversión y no como subsidios.

Las críticas al Plan Marshall también intentan demostrar que fue el comienzo de una serie de programas de ayuda exterior, en su opinión, desastrosos. Desde los años 90, los economistas se han ido volviendo cada vez más hostiles a la idea de la ayuda externa. Por ejemplo, Alberto Alesina y Beatrice Weder, sumándose a la literatura existente sobre ayuda económica y corrupción, entienden que ese tipo de ayudas se dilapidan y se utilizan de forma egoísta por los miembros del gobierno receptor de las ayudas, lo cual finaliza con un incremento en la corrupción gubernamental. Esta política en la que se promocionan gobiernos corruptos se atribuye al ímpetu inicial del Plan Marshall.

Noam Chomsky escribió que la cantidad de dinero entregado a Francia y Holanda igualaba a los fondos que estos países utilizaron para financiar a sus ejércitos en el sudeste asiático. Dice que el Plan Marshall "creó el marco para la inversión de grandes cantidades de dinero estadounidense en Europa, estableciendo la base para las multinacionales modernas." 

Otras críticas al Plan Marshall surgen a raíz de informes según los cuales los Países Bajos utilizaron una gran proporción de los mismos para intentar reconquistar Indonesia en la época de su independización. El periodista estadounidense ganador del premio Pulitzer, Tim Weiner, sostiene en su libro Legacy of Ashes que el 5 % del presupuesto del Plan Marshall, unos 685 millones de dólares, fue puesto a disposición de la recién creada Agencia Central de Inteligencia (CIA).


Escrito por

dennis falvy

Economista de la Universidad Católica con un master en administración en la Universidad de Harvard; periodista en economía .


Publicado en